Guido de Arezzo (995-1050), es considerado el “padre
de la música”. Fue quien dio nombre a las notas musicales, inspiradas
en las silabas iniciales de unos versos dedicados a San Juan Bautista
“Ut queant laxis” .
Ut queant laxis
Re sonare fibris
Mira gestorum
Famuli torum
Solve polluti
Labii reatum
Sancte
Iohannes
“Para que tus siervos puedan exaltar a plenos pulmones las
maravillas de tus milagros perdona la falta de labios impuros, San
Juan”.
Arezzo denominó a este sistema de entonación “solmización”, y más
tarde, “solfeo”. Usaba este sistema para la enseñanza de la música y
prontamente adquirió gran popularidad y el Papa ordenó su introducción
inmediata a la Iglesia.
En un principio la nota DO se llamo UT. Hoy en día solo se utiliza en
el idioma alemán y para el Canto Gregoriano. La nota SI se forma por
las iniciales de: Sancte Iohannes.
Guido D’Arezzo elaboró una aproximación a la notación actual, al asignar
los nombres a las notas (excepto a la séptima nota, SI, que entonces
era considerada un tono diabólico -Diábulus in música-) y desarrollar la
notación dentro de un patrón de cuatro líneas (tetragrama), y no una
sola como se venía haciendo anteriormente.
Fu hacia el siglo XVI cuando se añadió la nota musical SI, derivado de
las primeras letras de Sancte Ioannes, y en el siglo XVIII se cambió el
nombre de ut por DO (por Dóminus o Señor, aunque algunas fuentes apuntan
que fue por el cantante italiano Doni, en 1636). En Francia se sigue
utilizando la nota UT, aunque para el solfeo se usa el monosílabo “do”
para evitar la complejidad que provoca la letra “T”.
También en este proceso se añadió una quinta línea a las cuatro que se
utilizaban para escribir música, llegando a la forma en que hoy lo
conocemos, llamada pentagrama.
Después de las reformas y modificaciones llevadas a cabo en el siglo
XVI, las notas pasaron a ser las que se conocen actualmente: do, re, mi,
fa, sol, la y si.
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