Lo que oímos no es sino el fluir de nuestra propia sangre en la
cabeza. Cuando nos aplicamos a la oreja una caracola, el sonido de la
sangre al circular por los finos vasos de nuestro sistema auditivo se
amplifica de tal modo que provoca en el interior de la concha un potente
efecto de altavoz.

No hay comentarios:
Publicar un comentario